Perdón - Fábula - Perdón (CD)


Perdón - Fábula - Perdón (CD)


To all subscribers, It is with true gratitude when I say I greatly appreciate and am grateful for your support. It brings me joy to know that my work is heard and liked among others. I hope to improve on my skills to bring you the best of my work.

Again, thank you. Oscar Herrera. Oscar Herrera M. All Music Catalog Posts Events. All photos Subscribe. United States. New York. Jackson Heights. Music list. Play all. Add all. Deja que salga la luna.

Share More Add Queue. Tucarma de oro. Dama Azul. Dios nunca muere. Arena blanca, arena. Arena de lucha y caldera. Arena de calma y hoguera. Es: un buen guerrero es fe y efecto. Que comienzas a vivir. Hazte una estrella. De una gran mujer. Canta un destino. Gusta un camino. Dorado de amor. Yo solo pienso en volar.

Toma de mi lo que quieras. Naves de la Tierra Blanca. Manzano dorado. Luz inmaculada. De nuestro amor. Madre adoptiva. Que aparta el cielo del infierno. Y toma rosas del nuevo sol. Naves de Luna LLena. Madre dedicada. Hogar del hijo. Que aparta el hambre de la codicia. No tengas miedo. De Su amor, de mi amor. En este tiempo de llovizna y soledad. De nuestro amor, de todo amor. Negro negro:. Yo quiero cerrar la ruta. De la tristeza y de la locura. Yo quiero rozar dulzura. Llanto llanto:.

Pereza y dolor del momento. Pasado que ya no es tiempo. Yo quiero estar en el ahora. Cojo cojo:. Yo quiero andar derecho. Agraciado y equilibrado. Hierro hierro:. La dureza de los destinos. Yo quiero sentir la vida. Paris, 4 Ya no es lo que fue. Decir eso corresponde perfectamente a Les Halles, el gran mercado central a1 que Emilio Zola llamo el vientre de Paris.

El 3 de marzo dedespuCs de 20 tenaces con el animo de un roedor del presupuesto se pus0 en accion para exterminar a las mil ratas que Vivian como Luculo, devoraiido viandas y menestras. El lugar habia sido destinado a cumplir con una funcion de venta de carne, frutas y hortalizas por el rey Luis VI en 1per0 el edificio que se de- molio encuya memoria so10 permanece en el recuerdo de 10s que comieron en 61, de quienes vieron cuadros y fotografias de la Cpoca de mayor prestigio de Les Halles o de quienes leye- ron a Zola, fue construido, entre ypor el arquitec- to Ballard.

Hoy, convenientemente puesto a la moda, el nuevo mercado es un lugar sin memoria, un monument0 para 10s hom- bres de niaiiana. Y nada mis que eso. Lo cierto es que el viejo Les Halles le debio algo, ademas, a Luis VI1 y a Felipe el Conquistador, quien concibi6 el lugar como una especie de catedral de la gula.

Los nuevos pabellones, limpios, claros, niodernos, constituyen un nuevo espacio social para la digestion. El color local se ha perdido y ya no hay ni moscas ni ratones ni cucarachas.

Las campanadas de San Eusta- qui0 han vuelto a santificar el pan nuestro de cada dia, en este verano, per0 se aiiora aquel tienipo en el cual un turbot boquea- ba como un niartir pintado por Zurbaran, en tanto 10s trasno- chadores se entregaban a1 rito de la sopa de cebolla, lanzando el grito de guerra, ante un vas0 de vino, alarido que recordaba el de un caniTbal agonic0 ante el arribo de un misionero.

Ya no es posible oir el sonido de las ruedas del carricoche que se acercaba, con su carganiento de verduras, a1 puente de Neuilly, ni habra un mechero de gas que ihiniine, por las mafia- has, aquella "enorine floracion de 10s manojos encendidos de las zanaliorias, de 10s manojos blancos de 10s nabos, del verde des- bordainiento de 10s guisantes y de las coles" -coni0 escribia Zola en su clasica novela sobre Les Halles.

Los alimentos terres- tres estaban alli, coinbinando sus colores en el amanecer para no perder de vista la continuidad de una naturaleza que se iba tras- ladando desde la tierra sagrada a 10s estbmagos de 10s hombres y mujeres de Paris.

El espectaculo que el escritor describe es apasionantc y equivale a un banquete: "Las ensaladas, las lechugas, las escaro- las, las endibias, abiertas y con tierra todavia, niostraban sus co- 21 gollos baillantes; 10s manojos de espinacas y de acederas, 10s ra- milletes de alcachofas, 10s montones de judias y de guisantes, las pilas de lechugas romanas, atadas con una brizna de paja, canta- ban toda la gama del verde, desde la laca verde de las vainas al verde oscuro de las hojas; gama sostenida que llegaba a perderse en las matizadas matas de apio y en 10s manojos de puerros.

Del contraste entre la zanahoria, que se coloreaba sin tasa, a la mancha pura de 10s nabos, se iba pasando a la idea imperial de las coles blancas, compactas y duras como redondas balas de metal pblido, a las rizadas, cuyas hojas grandes parecian ta- zones de fuentes de bronce, y las coles rojas, con sus heridas de carmin y purpura. Los carnivoros, que venian a poblar por un instante ese lugar que poseia una arboladura tan digna como la de una cate- dral, en medio del gris verdoso, hallaban un paraiso que les per- mitia abandonar el universo humilde de las verduras.

En un puesto, 10s jamoncillos deshuesados mostraban su agradable figura redonda, con ralladuras amarillas y un floripondio verde en el mango. DespuCs estaban las grandes fuentes: las lenguas rellenas de Estrasburgo, rojas y brillantes, sanguinolentas a1 lado de la palidez de! Los dignisimos Lckulos habrian de ver el contento si, de un lugar a otro, hallaban las flores del mar, la galeria de recidn llegados a quienes se dispensaba la bienvenida que correspondia a una corte.

No solo 10s modestos peces de 10s mares de Francia, que pululaban como seres exquisitos y brillantes, sin0 tambiCn la flor y nata de 10s congkneres del vecindario europeo. La llega- da de 10s cangrejos de Alemania, 10s peces blancos de Holanda y de Inglaterra, las carpas del Rin, rojizas, tan hermosas con sus metalicos reflejos, o 10s enormes lucios, bandoleros de las aguas, rudos, de un color gris de hierro, y 10s cestos de gu- bios y de percas, las truchas esquivas, y 10s grandes barbos, de una blancura de nieve: todo no era otra cosa que una nota aguda de luz en aquella colosal naturaleza muerta.

Con el aire del emperador de todos 10s mundos posibles, el queso se metamorfosea, alardeando de huesped unico, de figura del convite a la que nada puede serle reprochado, en un desfile de cumplidos y zalemas. En una caja, sobre encellas de paja, 10s quesos de Bodon y 10s de Gournay. Sobre la mesa, la alegria mayor: a1 lado de 10s panes de manteca por libra, sobre hojas de acelga, se ensanchaba un cantal gigante, como hendido a ha- chazos; despuCs, habia un Chester, de color de oro, y un gruybre, semejante a una rueda caida de algun carro barbaro; 10s de Holanda, redondos como cabezas cortadas, einbadurnados de sangre seca, con esa dureza de craneo vacio que hace que les llamen calaveras.

Un parmesano, en medio de aquella pesadez de pasta cocida, afiadia su dejo aromatico. Tres quesos de Brie, sobre tablas redondas, tenian la melancolia de lunas extinguidas; dos de ellos, muy secos, estaban en el plenilunio; en tanto que el tercero, en su cuarto menguante, fluia, se vaciaba de una crema blanca, exteiidida como un lago, desbordando las delgadas ta- blitas con las cuales se habia tratado en van0 de contenerle.

Los port-salut, semejantes a discos antiguos, mostraban en exergo el nombre impreso de 10s fabricantes. Un romantour, vestido con 9u papel de plata, hacia pensar en una barra de turron, en un queso azucarado, perdido entre aquellas fermentaciones acres.

Los roquefort, tambieii, bajo campanas de crista], adquirian mohines principescos, rostros jaspeados y grasos, con vetas azu- les y amarillas, como atacados por una enfermedad vergonzosa de gente rica que ha comido demasiadas trufas; en tanto que, a su lado, en una fuente, 10s quesos de cabra, del tamaiio del puiio de un niiio, duros y grisaceos, recordaban 10s guijarros que 10s machos cabrlos hacen rodar, a1 conducir su rebaiio en 10s re- codos de 10s senderos pedregosos.

Un inundo para Fidias se encontraba alli. La Edad de Oro de 10s alimentos habia encontrado un espacio en donde cobijar- se, resguardaiido sus glorias para siempre: Les Halles.

La nostal- gia no es lo que era. Paris, 36 5 Sorprendida por el brillo de la decada del veinte, sin saber de 10s hartazgos que procuraria, mi s tarde, el trueque de las ilu- siones por el engaiio y la caida, J anet Flanner enviaba cada quince dias sus Cartas de Paris a The New Yorker, entre y El seudbnimo de net se convirtio en costuinbre grata del lector.

La brevedad, el chispazo, el peso especifico de 10s epigramas y de 10s chismes, la voluntad de oir y de leer en la ciudad, a travCs de las calles y de 10s bulevares convirtio a la ju- veiitud en un alarde de duracion, alentando el heroism0 imagi- nario de una generaci6n que se dkponia a tenerlo todo, a cono- cerlo todo, a vivirlo todo, en un despliegue enfatico francamen- te ilimitado. Hoy, recogidas en libro, las crbnicas de la Flanner se en- trecruzan y centellean a1 leer el nombre: Paris fue ayer.

Treinta o cuarenta lineas, a lo sumo, sirven para ver como alguien toca la gloria, muere, cruza el odano, inventa una moda, baila el rit- mo atroilador que indica el cambio, se perfuma, mata, estafa o Cree que el dia mas largo y feliz del aiio le aguarda para coro- nar en 61 su anior o su talento. Paris era un cuento de Fitzgerald o un destello del joven Faulkner, hombre de segunda fila.

El Ulises, de J oyce, lanzado por Silvia Beach, comeiizaba a ser el kil6me- tro cero de la nueva literatura. Las aves migratorias, bajo la for- ma de 10s artistas, se acogian a1 sagrado de un inundo dispuesto a satisfacer la avidez del que amaba la vieja ciudad, toda la Ori- lla Izquierda, Les Deux Magots, la rue Bonaparte, el Luxem- burgo, 10s viejos cafes de Montmartre o las muchachas que de lo que eso significaba, agotando su alegria de un hoy que no parecia tener te Las calles se hallabaii repletas de c.

Maturalmente J anet Flamer no desea perderse nada, como un roman0 de la decadencia que aspira a ver lo que no conoceri otra generacibn, de Csas que vienen y van, segh el Eclesiistico. Porque el sol habria de permanecer alli cuando todos se hubie- ran marchado, muy a1 pesar de cada cual.

Por todo eso, no falta una noche de mayo de a Le Bourget, y se confunde entre 10s embajadores, 10s apaches, 10s vendedores y 10s carteristas que aguardan a Lindbergh, el cual viene cruzando el Atliintico en un avi6n que se llama El Espi- ritu de San Luis.

No pone en eMo toda su energia, porque, de un lado y de otro, salta Lifar, que baila con la energia flexible de la gutapercha. TambiCn oye a1 pintor Vlaminck, que debe, por medio de una compafiia de seguros, pagar cien mil francos a la familia de un ciclista muerto por su autombvil. Vlaminck se siente en la obligacion de deck una elegia insoportable: Dema- siado por un hombre que sblo conducia una bicicleta.

Llora a Isadora Duncan, que muere en el 27, cogida por un chal en una vuelta del Bugatti, en una ultima y feroz pantomima platb- nica e inmortal. Ella, a quien inmortalizo Rodin, y en cuyas rodillas, eje nervioso del mundo, durante una funcibn, en el escenario de la Indianapolis Opera House, el jefe de policia local investig6 buscando pruebas de sedicibn, siguiendo el movi- miento y el ritmo de la mujer que habia apurado la tragedia has- ta que no quedara gota, y habia amado, y habia vivido el Cxta- sis y habia llorado a muertos y a vivos.

Saluda el final de David H. Lawrence, el hombre que luch6, en nombre del sex0 y de la vida, en contra de la gazmofieria, y le alarga un epitafio a1 autor de Una mujer parti6 a caballo, en el cual se dice que tenia la mania de quitarse la ropa y su- birse a 10s irboles. De ahi, vamos a1 especkiculo de J osephine Baker, quien mueve su popa de bergantin de tonelaje en el Casino de Paris. Lleno de escaleras como un suefio freudiano -dice- deja pasar el susurro de 10s vestidos de las coristas, un ballet ruso, un leopardo, patinadores, el decorado veneciano mi s hermoso del siglo y la Baker, rescatada de un ti f h por un gori- la, con su cuerpo color de caramel0 que de la noche a la mafia- na fue una leyenda en toda Europa, mh delgado que antafio y con una voz que es una flauta migica como no se habia oido Perdón - Fábula - Perdón (CD) Mozart.

Augura Cxito a un joven novelista policial llama- 26 do Simenon, conversa con 10s ultimos personajes de Marcel Proust, tonia una copa en el cafe de la Paix, asiste a una real agonia de la confianza en 10s valores en crisis de la moralidad de la Reptlblica, en el momento del escandalo de Staviski, sin ocu- parse de aquel otro suicida.

Ivar Kreuger, el rey de 10s fosfo- ros uno de cada tres que se encendian en el mundo, le per- tenecianhombre por el que lloro Greta Garbo, y siguio dolida por el fin de Andre Citroen, el fabricante de automoviles, quien se jactaba de no haber pagado jamas 10s impuestos, y cuyo error basico era, segun J anet Flanner, creer que Paris era Detroit. Se entusiasma hablando de Maurice Ravel, rechercht, literario y modesto, quien tenia un ingenio seco; desconfiaba de la bohemia musical, frecuentaba 10s salones y era un dandi.

Dise- iiaba sus propias camisas, usaba chalecos de tarde excepcionales y botones preciosos y le gustaba que se 10s adiniraran y comen- taran. Los temas son flexibles, jamas buscan vivir colgados de una palabra nueva a no ser que se deje constancia de que ella ha venido a1 mundo, sin padres conocidos, no en la cabeza de Palas Atenea, sino de la juventud, del obrero mayor o del bandido.

Escribe sin tener que ir soltando lastre. Se conduele por 10s dias finales, iin Requiem, del arbitro de la nioda, Paul Poiret, un ilusionista de todas las elegantes, perfumista y decorador, de quien se dijo que habia pisoteado varias fortunas como un niiio que corre sobre niacizos de flores.

Sin un centavo, ese hombre a quien el ganar dinero llego a producirle tedio. En la puerta se puede ver una lista de examigos que no han ayudado a Paul Poiret. Ve de soslayo, aunque no irresponsablemente, 10s hechos politicos de Francia. Oye a todos 10s que atacan a Daladier, a 10s que maldicen a Laval, a 10s que tienen niiedo.

Da la iinpresion -exclama- de que hay dema- siadas manos y una escasez de cabezas. A la muerte de Susanne Lenglen, la gran tenista, evita el lenguaje superfluo y echa a correr la iniaginacion: sinti6 un amor por el set como ut i artis- ta puede sentir por su obra maestra; cada saque fue una especie 27 de pincelada para ella y la colocacibn exacta de la pelota fue sin duda un estudio de composicibn.

No bien respiramos, avanza Maurice Chevalier cantando una balada de amor alemana, con la voz de Hitler odiando a las democracias, en 10s dias de 10s pactos de Munchen y del viaje del ministro inglCs Chamberlain, el hombre del paraguas, un cuento de bobos para adormecer a 10s niiios.

En Paris -observa ella- nada queda del miedo, salvo las luces tapadas de las calles por la noche y las diminutas llamas azules de las linternas que se iban a usar durante 10s raids.

Superado el peligro, las calles mal iluminadas tienen un aspect0 realmente muy hermoso. Por momentos, todo parece seguro, como en una fiesta de verano en la playa.

El ardor militar, en verdad, no ha cesado. Luchan activos y pasivos en las industrias. Tout va tris bien, Madame la Marquise. Trigo y petrbleo y fanfarronada unen sus voces en un cor0 desa- pacible. La expansion territorial, el autosacrificio y un margen de masacre aparecen en 10s titulares de 10s peri6dicos y en las conversaciones.

Hoy -dice ella- nadie puede saber 10s muer- tos de quC lado ganaran la guerra, si la hay. El dxodo de la Es- paiia vencida por la otra Espafia le arranca una queja, como si tocara un clavo que arde. Sufre por esos seis mil hombres aglomerados en un campo de futbol, en lo que parecia ser una situacion misera- ble, per0 que era la envidia de 10s otros campamentos.

Los hom- bres estaban bajo la vigilancia de la guardia mbvil que 10s arrin- conaba como a gallinas cuando se alejan un poco. Habia flores en las faldas de las sierras, per0 el aire era frio. La mayoria de 10s hombres habia trafdo una manta, su Gnica posesibn, y la tenian todo el dia puesta sobre 10s hombros, como una bufanda gigan te.

Posee un modo muy grafico de describir, usa el humor, en 10s tonos que van del ocre a1 blanco. Es irbnica, chispeante, ob- jetiva, llena de ideas, nerviosa y parece galopar sin demoler nada, sin rozar siquiera las flores o las plantas. Saca punta a las frases, evitando con gracia el que pudieran salirle redondas. Puede usar la lengua del silabario, a1 contar una anCcdota, o meterse en una historia a lo Henry J ames.

De un personaje anbnimo, o casi anb- 28 A1 concurrir a1Louvre, en una exposicion de 10s ballets de hilev, organizada por Serge Lifar, su estilo aporta el aire elegia: Los aficionados a1 ballet que asistieron a la inau. Nunca pis6 li I. Diag- de la gura- cion de la exposicion se reunieron por el placer de recordar, per0 se convirtieron en sus propias victimas melancolicas. Mas que ningfin otro especticulo, el ballet de Diaghilev ha llegado a - - simbolizar lo que ahora se llama Zes beaux ]ours, 10s dias de 10s placeres civilizados y sin censura, de 10s nuevos mkicos y artis- tas y sus nuevas ideas, que produjeron nuevas pinturas y dieron nuevos sonidos a un mundo familiar, 10s dias de 10s principios de la dCcada del veinte, cuando tanto 10s politicos como 10s he- donistas pensaban que habia nacido una nueva Cpoca, agradable, pacifica y permanente.

Con esos recuerdos, no es nada extrafio que 10s apasionados del ballet se hayan entristecido con la expo- sicion. Fue algo suficiente como para que hasta 10s angeles raran. Y llegay la guerra comienza como una eterna ronda de 10s amantes. Paris ya no es Paris, ni para la Flanner ni para nadie. Ningtin lugar, en el mundo, sera, a partir de ese momen- to, siquiera una sombra de lo que ha sido, o a1 menos un cuento relatado por un idiota. La civilizaci6n se oculta para reordenar el paradigma del infiemo.

Antes de marcharse, con 10s ojos lle- nos de lagrimas como corresponde a un romantic0 de estirpe. Solo debido a su tamaAo potencial, puede llegar a ser iay! Sabe que, a partir de ese instante, el Pont Neuf no volveria a ser el de las pinturas de Sisley o de Pissarro, ni Paris una ciu- dad inmutablemente francesa. Ya venian 10s hunos. Cherburgo, 29 6 Los cronistas de comienzos de Siglo, afectos a excesos, con- sideraban a Paris una Ciudad Santa, y solian hablar de su al- ma, estimindola a la vez grande y tierna.

G6mez Carrillo decfa que ir hacia 10s jardines del Luxemburgo, en un dia de pri- mavera y bajo un cielo color de malva recikn lavado por una lluvia tibia, permite que la adolescencia se le suba a uno, sea joven o no, como un vino embriagador. No hay jardin m6s bello que el compuesto por las mujeres de m6s de cuarenta aiios -me dice un jardinero, en el Luxem- bureo.

Si- guiCndolo, aspiro a creer que estas blancas sillas vacias, a las ocho de la maiiana de un viemes perfecto, lleno de sol, aguardan a una condesa, que leer6 a Dumas, uniendo el pasado con el pre- sente, cuando las abejas pasan bordeando, rumbo a las flores, sin perder la elegancia del vuelo amarillo. LSon felices esas mujeres de las cuales ha hablado el jardinero? Uno de 10s personajes de Claudina en casa, por Colette, aseguraba que s en Paris existen las encantadoras bellezas otoiiales, mujeres de cuarenta aiios, pintadas con arte y ceiiidas rabiosamente, que han conser- vado la finura de la nariz y el brillo de 10s ojos y que sienten, a1 ser adniiradas, 10s goces de la vida y sus amarguras.

En 10s jardines del Luxemburgo hubo en 10s tiempos renio- tos un sitio permanente para la cavalerie romana, y en ellos cay6 uno de 10s proyectiles del Gran Bertha, durante la guerra del Hqui rranscurren ias pnmeras escenas ae la novela El Barrio Latino, de Henri Miirger, ya en el Conser- vatorio, en la terraza y bajo 10s castaiios de India, en un mes de abril.

Enmuy ava J acques Rousseau anota: empleC el corto y precios, Cada maiiana, a eso de las diez, iba a pasearme inzadas ya sus Confesiones, J ean- Dificilmente se adivinaria en quC :n intclrvaln ni l e mcl ni i cl r l aha t ndavi n encantador del bosque estaba habitado por las abejas, y sus casas de paja, convenientemente espaciadas, abrian a1 sol sus puertas grandes como dedales. Y a lo largo de esos senderos se encon traba a las doradas moscas zumbadoras, dueAas verdaderas de aquel lugar pacifico, verdaderas moradoras de aquellas aveni- das que semejaban corredores.

Y no s iba por el placer de mirar, el poeta del relato, sino para leer con el fin de poblar un territorio de imhgenes: Iba casi todas las maiianas y me sentaba en un banco y leia -cuenta. A veces, colocaba el libro sobre mis rodillas para soiiar, para oir cbmo Paris vivia a mi alrededor y gozar del reposo infinito que disfrutaba en aquellas alamedas a lo antiguo.

Voy a salir en busca de un lugar para trabajar este otoiio en 10s quais, tal vez cerca del Luxemburgo -explica Camille Pissarro a su hijo Lucien, en abril de En un episodio de Los miserables, de Victor Hugo, Mario ve por primera vez a la hermosa niiia y a su padre. Cierto dia en que el aire era tibio -anota el escritor- el Luxemburgo inundado de sombra y de sol, el cielo pur0 como si 10s angeles lo hubiesen lavado por la mafiana, 10s pajarillos cantaban alegremente posados en el rama- je de 10s castafios, Mario tenia abierta su alma a la naturaleza, en nada pensaba: vivia y respiraba.

Pas6 cerca del banco: la joveii alz6 10s ojos y sus dos miradas se encontraron. Paseando por el Luxemburgo, Charles du Bos pens6 en el descrkdito literario de Pierre Loti que acababa de morir. En las hermosas tardes de verano, el parterre del Luxemburgo, toda esa parte del jardin que linda con el antiguo plantel del que ha con- servado arbustos, parece -con sus plaiitaciones en canastillos, sus clemhtidas del J ap6n que enroscan sus lianas y sus campa- nillas de purpuras en girlndulas, con sus macizos de yucas y de cactus salidos de las estufas y sus estatuas de vibrante blancura- un parque verde y cuidado y reciCn regado para placer de 10s pa- seantes.

Nada de polvo de las grandes alamedas, nada del rumor del bulevar Saint-Michel. Aqui 10s pajarillos corren por la arena. Ni se ve a1cura que movia 10s labios, bajo 10s i r- boles, ni un soldado. Lo ultimo que he sabido es c6mo J uvenal Urbino, personaje de El amor en 10s tiempos del c6lera, de Gabriel Garcia Mirquez, mientras estudiaba en Paris vi0 frente a 10s jardines del Luxemburgo salir a Victor Hugo del Senado, con una mujer joven que lo Ilevaba del brazo.

Lo vi0 muy viejo, movikndose a duras penas, con la barba y el cabello menos ra- diantes que en sus retratos, y dentro de un abrigo que parecia de alguien mi s corpulento. No quiso estropear el recuerdo con un saludo impertinente: le bastaba con esa visibn casi irreal que habia de alcanzarle para toda la vida. Pi0 Baroja, que vio el Luxemburgo en agosto, lo ha, en ese mes, algo triste y lhnguido, porque se molest6 con las hojas amarillas de 10s irboles, 10s vagabundos que dormian en 10s ban- cos, 10s gorriones y 10s tordos.

El retrato se completa asi: Los chicos miran pararse sus barcos de juguete en el estanque octo- goiial, por falta de viento; modestas viejas de cofia hacen medias, iin solitario lee un libro. Algunos buenos burgueses de caricatura juegan a1 criquet o a la pelota, y en lor equipos de tenis, entre niuchachas sonrosadas, hay japoneses pequeiios y gesticulan tes.

El pintor melenudo pinta en su caballete un cuadro casi siempre detestable y lanza una mirada de orgullo a su alrededor. Es am- biente de sueiio, de aburrimiento, de pesadez; yarece que no han de volver nunca las praderas verdes, 10s dias frescos, el folla. El 6 de septiembre deun joven aprendiz de escritor llamado William Faulkner, que vive en Paris, le escribe a su ma- dre dicidndole que, en el niomento en que se hallaba a punto de estallar, ha escrito algo inuy bello: son dos mil palabras acerca de la muerte y 10s jardines del Luxemburgo.

Se sienta a escri- bir en un banco del parque, mira a 10s niiios, da de comer a 10s gorriones y se ha dejado la barba. Mucho despuds, en el final de su iiovela Santuario. Faulkner hallria de rememorar ciia gris de verano, en el cual Temple y su padre oyeron a una ban- da, uniformada con el azul celeste del ejCrcito, tocar en el pabe- 33 n mGsica de Massenet, de Scriabine y de Berlioz, como una delgada capa de torturado Tchaikowski sobre un trozo de pan rancio, mientras el crepusculo se disolvia en humedos rayos des- de las ramas, en el pabell6n y en 10s sombrios hongos de las som- brillas.

Es el final previsto, la sintesis de 10s sufrimientos de Temple Drake vueltos ya un rezago vivo de ese pasado en que ni un s dia de dolor le fue ahorrado: Temple bostez6 den- tro de su mano y sac6 un espejito y lo abnb sobre una cara triste en miniatura, descontenta y adusta.

J unto a ella estaba sen- tad0 su padre, con las manos cruzadas en el pufio de su bastbn, la barra rigida de su bigote esponjada de humedad, como plata helada. Ella cerr6 su estuche y desde debajo de su elegante som- brero nuevo parecib seguir con sus ojos las olas de la musica di- solverse en 10s metales murientes, a travCs de la charca y del Perdón - Fábula - Perdón (CD) semicirculo de arboles donde, en sombrios intervalos, las reinas muertas y tranquilas de marmol de color niurmuraban y yacian cara a1firmaniento, postradas y vencidas, en el abrazo de la estacibn de lluvia y muerte.

Hoy, a pleno sol, recuerdo 10s destellos organizados de un laberinto en una obra de Man Ray, A travgs del Luxemburgoen donde conviven una forma -encaje de Bruselas, jar- din inglCs de universidad, ejercicio algebraic0 de pizarron -con una imagen de altura en la cual se cobijan y metamorfosean to- dos 10s planos de lo posible.

Los rentistas, las niiieras, 10s vaga- bundos, las parejas de enamorados, 10s lectores de diarios huelen la hierba humeda aun por el rocio de la manana. El hilo mas y mBs grueso del sol dora y recoge un eco del bermell6n en la es- palda de dos o tres estatuas.

La pereza espontanea se justifica con el nombre de descanso o de contemplacibn. Miro hacia mi izquierda y no veo Bngel alguno, sin0 un cuidador, muy sereno, que pincha hojas. DespuCs, mueve la cabeza a1 ver las huellas de barro del pie de un niiio sobre el escafio pr6ximo. Oigo que acusan de oportunismo a Poirot-Delpech por el libro sobre el caso Barbie, que acaba de publicar. Leo un her- moso texto de J ulien Green, Paris, en el cual hay una delica- da estanipa acerca del Luxemburgo. Los nifios se acomodan y oyen sin sentir el 34 peso de la obligaci6n.

Al lado mio, una pequefia nifiita muy ne- gra, con unos rizos llenos de volutas, sonrie y devora una pasti- lla que le ofrezco. Eufbrica, tararea siguiendo la musica. Al mar- charme, veo dos jeringas en el suelo. Una incierta dulzura me invade ahora, rumbo a Saint-Germain.

En un dia de lluvia, hace cuatro aiios, vi c6mo 10s truenos asustaban a 10s nifios que jugaban con sus niiieras, la lluvia llenb de hojas las espaldas de las estatuas de mujeres y la muerte recomenzaba a contar entre 10s miembros de la Corte.

LQS reyes se habian ido, per0 el frio se colgaba de 10s fierros de las rejas. Paris, 7 El temor a 10s efectos de un viaje por tren, pese a la defen- dice que algunos viajeros se despiden con lagrimas en 10s ojos antes de subir a 10s vagones, como si se tratase de un viaje a Rusia.

Tomar un tren era un desafio equivalente a descender a1 Hades. Los que conocen la mecdnica justifican 10s ruidos y movimientos de la extrafia serpiente. AI descender, viCndose sanos y salvos, uno cae en 10s brazos de otro -escribe Paul de Kock. Se hallan contentos luego de una peripecia que les per- mite creer que no se han visto en 10s ultimos diez afios. La pintura prodiga trenes v estaciones. La sala de espera, por Daumier; Tren en la nieve y Tren en el campo, de Mo- net.

La estacibn, por Vlaminck. El miedo a las rutas desaparece y el paisaje domestica a1 ferrocarril. S 10s aprensivos terminardn por temer ai nuevo haber sido 10s unicos convidados de un banquete celestial, en donde 10s intrusos no tienen cabida, ni hay puestos de rezago. Y 10s signos del hum0 dejaran atrhs 10s animales de la hedldica. Es el fin de una era, y las guias de ferrocarriles, a ojos de Marcel Proust, se convertirin en poesia pura. De esa poesia se salta a las novelas de misterio y a 10s rela- tos policiacos.

Ense inaugur6 la estaci6n del Este, cons- truida por el ingeniero Sermet. Se la llam6 primeramente esta- cibn de Estrasburgo y es, por desborde tragico, el lugar de par- tida o de llegada de las guerras y de las movilizaciones.

Ha sido un lugar barresiano -se n escribi6 alguien. Vuelta hacia Alsacia, vi0 partir, ena 10s soldados que recibian 10s vito- res y aclamaciones de la multitud, con 10s himnos de batalla y de despedida de amor y las flores que les arrojaban.

Nada de cri- santemos porque, en Paris, es flor para 10s duelos y 10s cemen- terios. Todos gritaban: iA Berlin! Leon-Paul Fargue, que amaba la poesia menor de 10s luga- res, escribio: iAh! Querido viejo barrio de las hechicerias justas como voces amadas. Paul Morand, viajero por antonomasia, in- vasor de todos 10s trenes del mundo, aspiraba a que, en la hora de su muerte, se hiciera con su pie1 una maleta. En la estaci6n del Norte, el viento se cuela sin piedad, por- que no hay un sitio en el que pueda reposar.

El coniisario Mai- Perdón - Fábula - Perdón (CD) decia que no hay lugar del muiido donde haya mis corrien- tes de aire que en una sala de espera de la dichosa estacibn. Con la piedad de costumbre, expresa que por ella tratan de colarse 10s que huyen, por diversas razones, hacia Bdlgica, per0 es tam- bi6n el punto de partida para las regioiies en donde se hallaii las fabricas y las minas. Se pueden advertir 10s ojos fuertes y enCrgi- cos de 10s que llevan el gran peso de la vida y del trabajo, en la ispera y amarga lucha por el pan cotidiano.

En Las memorias de Maigret, Simenon escribe: Cente- nares de personas esperan en aquel ambiente gris, lleno de hum0 y de sudor; se agitan, van de un lado a otro, de las taquillas a las consignas interrogando con la mirada 10s tableros de anuncios que seiialan las llegadas y las salidas de 10s trenes, comen, beben cualquier cosa rodeados de niiios, perros y maletas, y casi siem- pre son gente que ha dormido poco, que el miedo de llegar tarde ha puesto nerviosos o tal vez el miedo a ese maiiana que van a buscar fuera.

La niebla espesa de algunas madrugadas o el rui- do del agua que cae, en uno de esos dias de tormenta que pare- cen el estruendo de un avance de caballeria, dan a la estaci6n del Norte un matiz equivalente a la soledad de un gran aeropuer- to, cuando se superpone al viaje la nota discordante del temor o del placer. Si, en cambio, el sol fervoroso aprieta, la maleta del viajero se convierte en una estatua de sal. No son pocas las imhgenes extraidas de libros acerca de esta gare.

La mayor parte procede de novelas de Simenon. En Las noches blancas de Maigret, se habla de un bombardeo he- cho alli por 10s nazis, en La historia se desata en cuanto encuentran, en el resguardo, un baul en donde se oculta el cadi- ver del diputado Delteil.

Hoy, cruzando unos charcos de agua, veo a tres muchachos sonrientes -con habla de pifia, para usar un tkrmino antiguo con el cual se aludia a latinoamericanos de 10s dias de RuMn Dario. Desvalijan la alcancia del telkfo- no, a las seis de la tarde, a vista de todos, aunque fingen hablar con alguien y se dan de palmadas y rien hasta que caen las mo- nedas. Son embajadores poco discretos y no se apuran en lim- piar de francos el lugar. Si hablo o hago algo me asiste la seguri- dad de que 10s tipos van a convertirme en alguien listo para las explicaciones de morgue del doctor Paul, en la novela citada.

Recuerdo malisimas novelas de amor, casi brumosas y des- vanecidas, en las que el amante despechado se dirigia a la esta- ci6n del Norte para poner fin a sus dias, y vi, en decenas de pe- liculas de 10s treinta, la tristeza de 10s rostros de 10s viajeros que se marchaban de Paris con rumbo a ninguna parte. Retirado ya de la policia, y por arreglar el de un sobrino, el comisario viene desde provincia y, siguiendo a un extraiio testigo -en Maigret- cruza bajo las vias del ferrocarril de la Gare du Nord, a las dos y media de la madrugada de una noche cualquie- ra y ve 10s andenes vacios, y el reloj de pared iluminado.

No hay que ir de prisa a las estaciones, pues s asi se 37 habri de ver lo que se desea. No por mucho madrugar, amanece m8s temprano, per0 de todos modos vale la pena. El adagio lati- no perfecto es uno que dice Curcio: festinatio tarda est, o sea, "el apresuramiento es tardo".

Enun tren para pasa- jeros cubriri la distancia entre Paris y Lyon en dos horas. Se tra- ta del primer tendido de lineas ferreas totalmente nuevo cons- truido en Europa desde principio de siglo. HaciaTeophile Gautier escribib: "Cada credo sabe cbmo erigir sus templos. La religibn actual es la religibn de 10s ferrocarriles". Desde la estaci6n del Este camino hacia la puerta de Saint- Denis.

Alli est6 el viejo y macizo pbrtico que ha visto durar la faz del barrio, por donde circulan 10s comerciantes de la feria, las niiias de la vida y de la muerte, 10s discretos fZics ya son muy jbvenes y se han evaporado, o quizis volatilizado esos gor- dos de antailo, con narices en las que se yergue como un punto de honor la mariposa etilica.

En el "Cafe Ledoux" bebo un es. La rue Saint-Denis culebrea y se empina buscando el tono de la vida airada, las ambulancias hacen sonar sus sirenas. Un Arabe con un hernioso fez vamoviendo un bard con aceitu- nas; el armenio traslada palas y picotas Perdón - Fábula - Perdón (CD) un camion peque- Ao y en las iiltimas sabe mostrar que es un Dios errante. Es una callejuela de 10s bajos fondos, de esas que Maigret veia como un cor0 de hoteles de reputacibn dudosa y tiendas de galletas y caramelos.

Hay, en la mesa del caf6, a mi lado, una muchacha pilida, con el aire de la Garbo joven, unos pantalones iiegros de cuero y un cigarrillo interminable. Otras, muy altas y firmes, mulatas y rubias, mariposean en busca del cliente de paso, del que descan- sa en espera de un tren.

Una mujer olivicea sube y baja desde lo alto de sus caderas en procura de algin mortal meiios alelado que aprecie 10s placeres ocultos que lleva bajo las faldas. Mas alld, en el mercado, un tipo con unos anteojos que le dan el aire de un caim6n o de un jubilado en Florida, manosea unas beren- jenas y huele unas frutas negras y algo escandalosas.

Ahora comienza a Ilover, una vez mis. La miquina del tiempo me trae de nuevo a una estacibn de Paris. Se trata de una pelicula de hace mil afios. Muy pronto conocera a una mujer lige- ra, Deanna Durbin, y ella lo amarh, y llorard, y se despedirhn para siempre, jugando con el amor imposible de sobrellevar.

Ni Kelly baila, ni la Durbin canta. La pelicula era Luz en el alma y se basaba en una novela de W. Somerset Maugham. Busco la pigina en un viejo ejemplar del libro, Csaen la cual ellos se han dicho todo, per0 el escritor quiere evitar que nos vayamos sin lhgrimas: Se pasearon por el andCn, tratando de pensar en algo quC decir, per0 no encontraron nada que valiera la pena decirse.

Carlos se preguntaba si a ella se le cruzaria por la mente que casi con toda seguridad jamis volverian a verse. Era extraiio pensar que durante cinco dias habian estado sin separarse y den- tro de una hora seria como si nunca se hubieran conocido. Per0 el tren ya estaba por Perdón - Fábula - Perdón (CD).

Ella cruz6 10s brazos sobre el pecho, en una caracteristi- ca forma que ella tenia y que a 61siempre le habia parecido ex- trafiamente conmovedora; asi cruzados tenia sus brazos cuando lloraba mientras dormia. Lydia levant6 su cara, mirhndolo. Con gran asombro, vi0 que estaba Ilorando. El la abraz6 y por prime- ra vez la bes6 en la boca.

Lydia se separ6 de el y rapidamente desaparecio por el aiid4n. Estabaii, por cierto, en la estaci h del Norte. Paris, 8 Recuerdo un docuniental sobre Max Ernst. El azul salia de 10s ojos del pintor coin0 guia para la felicidad del geiiero hunia- no. Por la ventana, y desde la calle, llegaban 10s ruidos y 10s pre- gones.

El cielo era tan azul como 10s ojos del pintor que recogia el azul en la tela y hacia saltar la luz a maiios llenas. En una par- te, superando la imagen, ante el ojo de la camara, Cl empieza a inventar un alfabeto, o un sisteina ideogrhfico del Oriente con nuevos signos, poblando.

No habia espacio para que la nada pudiese reposar en paz. La invencibn de un alfabeto, luego del vasto do- minio de 10s periodos del gesto y de las primeras formas de ar- ticulacibn, lo obliga a una faena que solia ser obra de un pueblo.

El lo resume todo y colectiviza la voz sin mudar el poder de 10s ojos azules. Leo en el Diario de Anais Nin, que escribid en Nueva York en el invierno deque Max Ernst es bajo, muy del- gado, muy tieso y tiene perfil de pdjaro.

La boca es pequefia; las mejillas, ahuecadas. Tiene una sonrisa breve y parsimoniosa, y una mirada inocente; pero, en conjunto, su rostro traduce pers- picacia y mordacidad. Ya estaba casado con Peggy Gugenheim, quien le salvd de un campo de concentracih, per0 antes vivia en la inocencia inconsciente de quien no ha visto nada de cuan- to hizo esa gran artista que es Leonora Carrington.

Ella y 61 pin- taban, per0 cuaiido a 61se le terminaban las telas comenzaba a pintar sobre 10s cuadros de ella, y luego le preguntaba, muy de verdad, muy acongojado, si estaba segura de que habia pintado algo, porque 61 no ha visto ese cuadro del cual ella habla. No olvido la complaciente alegria de Matthew J osephson Mi vida entre 10s surrealistas cuando ve en el estudio de Max Ernst aquel gran cuadro a1 61eo que es un fruto mayor de su pin- tura: La Virgen Maria zurrando a1 Niiio J esus ante tres testi- gos.

La madre de Dios se halla sentada sobre un taburete; el niiio estd en el regazo de ella, y la mano ya se eleva en el aire, antes de caer, para dar la paliza prometida. Breton admitia que Ernst era el encargado de acabar con el misticismoestafa del bodegbn, sin perder jamds la sonrisa, a1 mismo tiempo que ilumina con una luz sin igual, nuestra vida interior hasta lo mds hondo.

Y en la pelicula, que vuelvo a ver, todo comienza, otra vez, a ser azul. Los signos imperan y ven- cen.



Visions - Kev Willow - Visions / Hoppin N Boppin / Numb Ya Brain (File, MP3), The Draw - Burning Streets - Is It In Black And White? (CD, Album), Three Days Grace - Album Sampler (CD), Come To My House - Matt Whitehead - Power House Megamix (File, MP3), PNDC & Housework, PNDC - Secondhand Language (CD, Album), Total Negation - Zur Späten Stunde, Its Only Rockn Roll (But I Like It) - The Rolling Stones - Earls Court 1976 (CD, Album), Medicine - Rage (6) - Trapped! (Cassette, Album), Luka (Live), McKay* - Tell Him (CD), 2. Satz : Allegretto - Schubert*, Yehudi Menuhin - Sämtliche Sinfonien (Vinyl, LP)

8 thoughts on “ Perdón - Fábula - Perdón (CD)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *